La construcción sociopolítica desde finales del siglo XVIII ha estado signada por los principios de la Revolución Francesa, que moldearon las democracias republicanas en 5 continentes.
Los principios “Liberté, Égalité, Fraternité” dirigieron los avances sociales y fueron inspiradores de numerosos movimientos en todo el mundo.
En las puertas del tercer milenio, y a la luz de la asombrosa mundialización de la cultura planetaria, estimulada por el avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones, debemos volver a mirar esos principios con nuevos ojos.
La Libertad como objetivo y motor esencial permanece intacta.
Sin cambiar en su esencia, la libertad extiende sus alas sobre nuevos campos, de mil maneras. Ejemplos de ello son la libertad de expresión que trasciende las fronteras y la libertad de asociación alcanzando el universo virtual y nutriéndose de él. Para ejercer estas nuevas libertades, la naciente Sociedad del Conocimiento debe incluir a todos y es nuestra responsabilidad acercar a la gente las nuevas herramientas de creación y expresión. Es notable la construcción colectiva de bienes desde y hacia la libertad que ha demostrado en este sentido, por ejemplo, la comunidad internacional del Software Libre [1].
Sobre las espaldas de la Era Industrial y la producción en serie, el noble principio de igualdad esconde la peligrosa interpretación de la uniformización.
Todos somos iguales, pero no tenemos el mismo talle. Las discriminaciones positivas, ya sea por reparación histórica como subsidios a comunidades indígenas, ya sea como incentivo al equilibrio como el cupo femenino en cargos electivos, nos muestran un camino de crecimiento en la diversidad.
La ciencia ecológica nos entrega el legado de la biodiversidad y su relación con el equilibrio ambiental. Una sociedad mundial que no se alimente de la multiplicidad cultural y pretenda barrer las diferencias en una simplificación homogénea estará destinada a la extinción, por lo que es misión de nuestra Humanidad enriquecerse con su propia heterogeneidad para crecer hacia un futuro integrador, pero descentralizado, autogestionado y policultural.
La Solidaridad es la Fraternidad en acción. Sea que hablemos de dinero, alimentos, sangre, o consuelo, la ayuda es auténticamente solidaria cuando sentimos al otro realmente como hermano.
Solidaridad no es beneficencia, no se trata sólo de dar dinero a los pobres. Todos necesitamos de los demás en mayor o menor medida, para una u otra cosa, y la Solidaridad teje las redes de contención para nuestras necesidades. La acción de las redes solidarias es la más acabada expresión de la fraternidad, construyendo sociedades más justas y sostenibles.
El desafío por venir es la construcción de un nuevo mundo, enalteciendo la libertad de las personas, respetando y valorando nuestras diferencias, consolidando el tejido social en una red humana para todos y todas, que sostenga el desarrollo individual y la evolución colectiva hacia un mundo próximo de Paz, Justicia y Amor.
Libertad, Diversidad, Solidaridad.
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[1] - http://www.fsf.org
[2] - Lema del Foro Social Mundial http://www.worldsocialforum.org
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